Luigi Zingales

Luigi Zingales (52) es un reconocido economista italiano que se ha dedicado a la pedagogía y a la investigación. Su trabajo ha abarcado un espectro que va desde la gobernanza corporativa hasta los efectos económicos de la cultura. Ayudó a desarrollar el Financial Trust Index, índice diseñado para monitorear los niveles de confianza que los estadounidenses tienen hacia su sistema financiero.

Guy Sorman: “Sí, la situación en Chile podría ser peor”

Por Cecilia Guzmán y Jaime Besa / Fotos: Cristián Álvarez

El economista y filósofo francés, defensor de las ideas liberales, vino nuevamente a Chile invitado por la plataforma

La Otra Mirada, para ofrecer una conferencia titulada “La economía no miente” en el Hotel W. En los días previos a su llegada, concedió esta entrevista a revista “Cosas” en la cual se refiere a la vigencia que a su juicio tienen hoy las ideas liberales en el mundo y los errores que, desde su mirada, ha cometido el actual gobierno chileno en esta materia.

 –¿Qué es para ti la libertad?

–Creo que la mejor definición es: Libertad para elegir. Libertad de elegir tu vida, tu trabajo, tu realidad, tu familia. Por lo tanto, prefiero siempre un sistema con la mayor libertad de elección.

 –¿Qué es para ti el amor?

–Solo he estado enamorado de una persona, mi mujer, por lo que tengo una definición muy limitada del amor. Para mí, el amor es querer a alguien y que esa persona sea más importante que uno mismo.

 –¿Cuál es tu opinión sobre el aborto?

–Estoy a favor de la libertad de elección, pero de la libertad de elección informada. Muchas mujeres abortan porque creen que no tienen opción. Son pobres y a veces no tienen marido ni padre, entonces no tienen salida. Creo que esto es bastante dramático y pienso que la filantropía o los gobiernos deberían ampliar la libertad de elección y poder decirles a esas madres: “Es tu decisión, pero si decides quedarte con el niño, tenemos para él un buen sistema de apoyo, colegio gratuito, universidad gratuita”. En resumen, creo en la libertad de elección, pero con más apoyo, más educación y más información.

–¿Qué piensas sobre el rol del Papa Francisco?

–Depende de quién sea la persona sobre la cual estoy hablando, porque se pueden diferenciar dos personas. Una es el Papa como líder de la Iglesia Católica. Sin duda, no interfiero en su posición o declaraciones cuando habla sobre religión, y cuando habla de teología… ¡Él es el Papa! No soy católico pero, si lo fuera, lo respetaría y lo seguiría. Como no soy católico, lo respeto, pero no lo sigo.

“La segunda persona es el Papa como político y que hace declaraciones que son puramente políticas, por ejemplo sobre el libre mercado. Por lo tanto, yo considero que tengo el derecho a debatir con esta persona, pues está tratando temas de política y economía.

“Creo que está completamente equivocado en los temas económicos, porque hay una contradicción cuando dice que él está por ayudar a los pobres, pero a la vez en contra de un sistema que los ayude. El único sistema que realmente ayuda a los pobres es el de libre mercado; entonces, no entiendo cómo está con los pobres y contra el libre mercado, no es lógico. Además, el Papa habla mucho sobre ética, y la ética se trata de intenciones y resultados. Así, si tienes buenas intenciones pero malos resultados, ¿es ético? Mi definición (que puede estar mal) es que la ética es juzgar los resultados y no las intenciones. El libre mercado funciona para los pobres y ha sacado a billones de personas de la pobreza alrededor del mundo en los últimos 40 años, por lo tanto, desde una perspectiva ética, estoy a favor del

libre mercado y el Papa está en contra, y no entiendo por qué. Hace poco, el Papa declaró a la vuelta de su visita a Paraguay: “No entiendo nada sobre economía, debería aprender”… ¡Yo estoy listo para ayudarlo!”.

–¿Cuál es tu opinión del gobierno actual de Chile?

–Creo que el gobierno está en una situación muy difícil, porque Bachelet quiso implementar una agenda muy socialista y de la vieja izquierda de los años 60, que claramente no funciona. El problema es que tanto política como personalmente es muy difícil para ella cambiar completamente de posición y decir “me equivoqué”. Porque se equivocó con la educación, con la economía, con los impuestos, y eso es muy difícil de reconocer para ella.

“Creo que la situación en Chile está estancada y seguirá estándolo. Nada pasará durante estos tres años. Esto es como nuestro Presidente de Francia, François Hollande, quien también fue electo por la izquierda y descubrió que su sistema no funciona. Más aún, Francia es miembro de la Unión Europea, que es una institución muy clásica y muy a favor del libre mercado. Entonces, el Presidente de pronto descubre que no solo su programa no funciona, sino que además no puede ser implementado, porque no es coherente con esta institución. Por lo tanto, no hace nada, porque no puede hacer nada Él no puede ser inconsecuente y decir ‘me equivoqué, haré las cosas completamente distintas’, así que, obviamente, está esperando las elecciones. En Chile ocurre lo mismo”.

–Entonces, ¿dirías que en Chile primará el status quo?

–Exactamente, lo que no es bueno, porque pierdes tres años, la gente deja de trabajar, se para la inversión, y esto claramente es negativo. 

–¿Pero tenemos alguna razón para ser optimistas en nuestro contexto político?

–Bueno, sí, la situación podría ser peor… En Chile tienes una sociedad más bien pacífica, algo de violencia, algunos problemas con los pueblos nativos y cosas así, pero nada dramático que no tenga solución. Pienso que por la historia pasada de Chile, ya nadie quiere violencia. La paz es prioridad. Además, ustedes tienen algunas empresas privadas de excelencia, a las que les está yendo muy bien en el mercado global. Así que la situación claramente podría ser peor.

“Lo que más lamento es que Bachelet no se enfrentó con el problema real de Chile, que es la educación básica, lo que significa que las víctimas sean los pobres. Al enfocarse en la educación superior y la gratuidad en esta, no entendió el problema. La educación superior es una inversión y la gente debería pagarla. Lo que ella hace es mantener a los pobres en la pobreza, lo que es una gran contradicción”.

 –¿Cuál es el rol de la sociedad civil en países como Chile?

–Es cada vez más importante, porque los problemas sociales y económicos están cada vez más complicados y el gobierno está cada vez menos preparado para lidiar con eso, porque nadie sabe cuál es la solución. Por eso, estoy muy a favor de la filantropía. De hecho, escribí un libro sobre el tema. Pienso que lo que necesitamos países como Chile o Francia es más innovación social, que significa probar y equivocarse, cosa que el gobierno no puede hacer. El gobierno no puede equivocarse porque los errores les hacen perder elecciones. Bachelet es muy representativa de esto. De alguna manera, ella está probando todas las soluciones, pero no quiere innovar”.

–¿Cómo podemos aumentar la filantropía en países como Chile? No tenemos una cultura de filantropía. No somos como Estados Unidos.

–Estados Unidos fue creado por la ciudadanía, el gobierno vino después y nadie espera mucho de él. Por lo tanto, no nos deberíamos comparar con ese país. Sí lo podemos observar para saber cómo hacerlo. En todo caso, creo que el país donde la filantropía está más desarrollada no es Estados Unidos, sino Japón.

“Tengo una definición bastante amplia de la filantropía. Esta no significa solo donar dinero, implica dar tu tiempo, significa voluntariado. Por lo tanto, el gran error es que vemos a la filantropía solo como la Fundación Gates, y eso está mal. La filantropía hoy son más que nada organizaciones locales, sin muchos recursos, tratando de resolver problemas cotidianos. Esto requiere de tiempo e imaginación”. 

–¿Por qué dices que es en Japón donde la filantropía está más desarrollada?

–Porque todos en Japón participan en organizaciones locales para resolver problemas cotidianos. Si miras en el mapa de la filantropía, generalmente todas las estadísticas son sobre cuánto dinero da la gente. Entonces, por supuesto que Estados Unidos está primero, y después el Reino Unido, Suecia… Pero si miras la cantidad de tiempo que la gente dona, Japón es el líder. 

–¿Crees que todo se puede expresar en una dimensión económica?

–Claro que no. Siempre comparo la economía con el plan B. En una casa necesitas agua caliente, así que más te vale tener un buen plan B para poder tenerla. El libre mercado es como tener un buen plan B para tener agua caliente en la casa, pero con eso no haces la casa. Cuando eso está solucionado puedes hablar de todos los demás temas: amor, música, niños, tener perros…

“Personalmente, mi interés principal no es la economía. Me interesa mucho más la ópera, la música, la pintura. De hecho, todos mis amigos son artistas, no economistas. Los economistas generalmente son muy fomes. Pero la economía es un plan B. Si no tienes esta base material no puedes construir nada”.

REDISTRIBUCIÓN A LA INVERSA

–¿Cuál es tu opinión de un sistema de educación gratuita en países como Chile?

–Bueno, de hecho no existe educación gratuita porque todos pagan, como contribuyentes o como estudiantes. Así  que la educación nunca es gratis. Así que la pregunta de qué piensas de la educación gratuita no tiene sentido. Si tienes educación superior gratuita, quiere decir que la gente pobre está financiando a la gente rica. Tienes una suerte de redistribución a la inversa, porque normalmente los alumnos de las mejores universidades en Chile son de familias de clase media o alta. Así que, si no pagan, querría decir que la gente pobre paga para que ellos vayan a la universidad. Entonces, es la redistribución a la inversa. Por lo tanto, si tenemos educación superior gratuita, es  totalmente reaccionario y contraproducente en términos de calidad. Creo que a mayor nivel educacional, más alto debiese ser el costo para los mismos alumnos, ya que están invirtiendo en su propio futuro.

“Ahora, la educación primaria es otra cosa. Puede ser gratuita, o sea, pagada por el país, que es el significado real de que sea gratuita. Lo que más importa es la calidad y los economistas saben que la única manera de mejorar la calidad es a través de la competencia, a través de tener opciones”.

–¿Puedes explicar brevemente el significado del título de tu libro “La economía no miente” ¿Cómo podemos aplicarlo a nuestro contexto?

–¿Sabes cómo se me ocurrió el título? Siguiendo la campaña presidencial de Nicolás Sarkozy, quien es muy amigo mío. Noté que él mentía todo el tiempo cuando hablaba sobre economía, y pensé: ¡no puede ser! Lo que quiero decir con “La economía no miente” es que esta hoy es una ciencia. No es una ciencia exacta, pero su metodología y manera de funcionar está basada en hechos reales.

“Ahora tenemos en la economía suficientes datos desde el siglo XVIII para saber qué funciona y qué no. Todo ha sido probado. El modelo chino, el modelo de Stalin, el modelo nazi, el de libre mercado.

“Por supuesto que la economía también es controversial y un debate político. Sin embargo, me gusta el hecho de que la izquierda esté cambiando el debate desde uno sobre el desarrollo económico hacia uno sobre la inequidad. Esto es bueno, porque significa que incluso la izquierda admite que la libertad de mercado funciona… aunque eso no les gusta y entonces dicen: ‘Bien, funciona, pero crea inequidad’. Esto es en  cualquier caso un gran avance, porque hace 20 o 30 años, los socialistas decían: ‘El libre mercado no funciona, un sistema de socialismo y burocracia o burocracia centralizada es mucho mejor’. Sin embargo, ya no dicen eso y, por lo tanto, han cambiado hacia un debate centrado en la inequidad, lo que en mi opinión es un debate menor respecto de la mayor eficiencia del libre mercado sobre otras opciones”.

Publicado en Revista Cosas