Ernesto Medalla: “La sociedad civil”

El rol de la sociedad civil es fundamental, Guy Sorman un optimista por excelencia, nos recuerda que son las personas las que marcan diferencias claves en la sociedad, pues ésta genera cambios desde el propio anhelo personal y no por una planificación central que determine nuestras vidas.

Entre tantos intelectuales que visitan nuestro país, con visiones diversas, creo que no está de más recordar esta postura. Creer en las personas y que éstas se pueden desarrollar buscando su propia felicidad son ejes claves para comprender el rol de la Sociedad Civil.
Nuestro futuro no puede ser oscuro, recordemos que somos cada uno quienes forjamos nuestro destino y como dice Sorman “el pesimismo nos lleva a no avanzar en libertad”.
Ernesto Medalla
Analista Círculo Acton Chile
Publicado en La Estrella de Valparaíso.

Guy Sorman: “Si usted destruye el motor del crecimiento…”

Visitante frecuente de Chile durante las últimas tres décadas, el filósofo y economista francés Guy Sorman ha dedicado páginas de sus numerosos libros y columnas de opinión para destacar las virtudes del modelo económico local, como la capacidad de generar crecimiento gracias a una clase empresarial con iniciativa, la buena conexión con los mercados globales y la ausencia de un Estado políticamente capturado.

La próxima semana, este destacado intelectual liberal regresa a Chile después de una pausa de dos años, en un escenario distinto al de 2013, cuando presentó “Diario de un optimista”. Sin embargo, al entregar su diagnóstico a El Mercurio vía telefónica desde Francia, aclara que lo hace como un observador extranjero familiarizado con la situación desde el punto de vista académico, y que en ningún caso se trata de un activista político.

Junto con advertir los riesgos que conlleva una política gubernamental ideológica, sostiene que la realidad tarde o temprano se terminará imponiendo, ya que la “economía no miente”, tal como dice el nombre de la conferencia que dictará el viernes en el Hotel W, organizada por La Otra Mirada, la Universidad Adolfo Ibáñez y “El Mercurio”.

-¿Ha cambiado su visión sobre Chile desde la última vez que vino, en 2013?

-Mi visión es que existe un riesgo de que el llamado modelo chileno haya sido objeto de una disrupción debido a las opciones ideológicas de la Presidenta Bachelet. Es solo un riesgo, porque las fuerzas de mercado y la iniciativa empresarial en Chile siguen siendo muy fuertes y el camino tomado en los últimos 25 años es profundo. Los políticos tienen el poder para causar una disrupción en el modelo, pero no totalmente, así que no debemos exagerar el impacto de las decisiones equivocadas, porque el modelo es muy sólido y está enraizado en la mentalidad chilena.

“Así que veo a Chile desacelerándose por las políticas equivocadas, pero lo va a superar. La Presidenta ha sido muy ideológica al castigar a los empresarios vía el sistema impositivo o al tratar de destruir la educación privada, de una forma en que ella ha frenado el progreso. Confío en que el país solo esté perdiendo dos o tres años, lo cual no es muy satisfactorio, pero la economía y la sociedad chilena se van a sobreponer. Creo que la Presidenta entiende que sus decisiones están en conflicto con la realidad, y ahora ustedes están entrando en un período de statu quo hasta la próxima elección”.

-Una de las tesis de su libro “La Economía no miente” es que la economía es una ciencia que permite distinguir las buenas de las malas políticas, y que los malos alumnos pagan con su estancamiento. ¿Cree que es aplicable acá?

-Me gustaría decir que en un 50% se aplica a Chile. Pero también se trata de una economía globalizada, muy dependiente de las exportaciones.

“Para resumirlo, Chile ahora está siendo afectado por dos factores negativos. El primero, y con el cual todos tendrán que vivir, es la desaceleración de la economía global en el largo plazo, lo que significa un crecimiento de un 2% anual, es decir, un período más normal, ya que desde los 90 venía creciendo a tasas del 5%, lo que fue excepcional. Y el segundo factor proviene de las políticas domésticas y de decisiones equivocadas. Cuando digo ‘equivocadas’, aclaro que no lo digo desde una perspectiva ética, ideológica o política; son equivocadas porque van contra la realidad”.

“Cuando escribí que la ‘economía es una ciencia’, dije que se basa en la observación de la realidad. Puede que no te guste la realidad, que pienses que el libre mercado es horrible o que los empresarios son demasiado ricos, y está bien: desde una perspectiva ética-filosófica puedes escoger estas opciones. Pero si piensas que el crecimiento es bueno para la gente y mayormente para la gente más pobre, tienes que respetar la realidad”.

“Lo que la Presidenta chilena hizo fue pasarla por alto, un error común en los partidos de extrema izquierda y extrema derecha, pero la realidad es algo de lo que no te puedes deshacer. Aunque no sean del todo adorables, los hechos son hechos”.

“El gobierno chileno está preso de ideologías de los 60”

-Dada su experiencia internacional, ¿estima posible reducir la desigualdad por medio de la redistribución de recursos, vía la ampliación de la base tributaria y el alza impositiva, sin enfocarse en el crecimiento?

-La redistribución no funciona, nunca hace crecer la igualdad. ¿Por qué? Porque la gente rica dejará el país o encontrará una forma de no pagar impuestos. Es un mito político; tú alineas a los votantes diciendo que vas a redistribuir la riqueza. Pero sabemos que si incluso confiscaras la riqueza del 5% de los chilenos más ricos, los pobres seguirían siendo pobres.

“Guste o no, la única forma de crear una gran clase media -que todavía no existe en Chile- es el crecimiento, llevar a la gente al mercado laboral, mejorar la productividad y colocar a los más pobres y menos educados en el centro de esto, a través de una mejor educación que les sirva para mejorar su vida y hacerlos más productivos. Históricamente, la productividad es la única forma de reducir la desigualdad. Esto no es una posición ideológica, sino un hecho verificable en el mundo”.

“Lo que es extraño en el caso de Chile, es que en vez de integrar a la economía moderna a la mitad de la población que está fuera de ella, el Gobierno esté destruyendo el motor del crecimiento, lo cual a su vez es una paradoja desde una perspectiva económica, pero ética también. Si usted destruye el motor del crecimiento, de alguna forma se priva a los más pobres de la posibilidad de integrarse alguna vez a la clase media”.

“Las más absurdas o contradictorias decisiones hechas por el Gobierno no tienen que ver tanto con los impuestos, sino con la educación. Todos saben en Chile que el problema no está arriba, en las universidades, sino en el nivel primario, en las zonas más pobres, donde los alumnos no tienen opción: solo tienen acceso a escuelas públicas locales malas. En vez de mejorar la calidad de la enseñanza en estas escuelas, en vez de crear opciones entre escuelas públicas y privadas a nivel local, el Gobierno se está olvidando totalmente de esta gente pobre y enfocándose en lo que sí está funcionando, que es la educación superior privada. Desde una perspectiva práctica y ética es muy extraño”.

“El gobierno chileno está preso de ideologías de los 60, que no se aplican en ningún lugar del mundo”.

-La clase político-empresarial chilena ha recibido críticas de diverso calibre. El historiador británico Niall Ferguson advirtió que Chile está ejerciendo su derecho a ser estúpido, mientras el cientista político estadounidense Francis Fukuyama recordó que la “confianza” es clave para el desarrollo. ¿Cuál sería su crítica?

-Ferguson es un poco provocador, así que no me lo tomaría tan en serio. Pero cuando Fukuyama dice que la confianza es el fundamento del crecimiento, está en lo correcto.

“Ahora, creo que los liberales en Chile quizás tienden a ignorar que todavía hay una gran parte de la gente que vive en la pobreza. Y como dije antes, que aún no está integrada en la economía chilena moderna”.

“Hay una especie de autosatisfacción entre empresarios, políticos e intelectuales conservadores de que todo está bien, lo cual no es completamente cierto. Toma tiempo meter a todo el mundo a la clase media”.

“Creo que Chile está olvidando dos elementos: qué hay de la educación primaria y, el segundo, asegurarse siempre de que el mercado permanezca abierto a nuevos empresarios y que no sea dominado por los empresarios más exitosos”.

-Según su experiencia, ¿en qué momento en un país se pierde la confianza de los inversionistas?

-El punto de quiebre tiene que ver con la predictibilidad. A menudo se asume que si el nivel de impuestos en promedio es superior al 50%, ese país está condenado a fracasar. No sé cuál es el límite en Chile, pero más allá de un 40% usted empieza a acumular riesgo. El segundo criterio, y quizás más importante, es si el país es predecible.

“Mi posición es que la economía moderna puede convivir con impuestos altos. Suecia y Alemania viven con impuestos altos, pero el Estado de Derecho y el sistema económico son predecibles. Usted sabe que si invierte, en 5 o 10 años básicamente tendrá las mismas leyes y regulaciones y más o menos el mismo nivel de impuestos. El problema comienza cuando el gobierno decide cambiar todas las reglas y eso trae impredictibilidad. Esto congela las inversiones, sin distinción de si son domésticas o extranjeras”.

“Quedé atónito con las declaraciones del Papa”

-Usted sostiene que hoy existe una sola economía, la que funciona o, lo que es lo mismo, la de libre mercado. ¿Por qué cree que es tan difícil defender hoy un modelo de libre mercado?

-El problema de la economía de libre mercado es que surge de un proceso espontáneo, no fue inventada por nadie, es desordenada y genera una destrucción creativa -en términos de Joseph Schumpeter- que nadie quiere. La alternativa es difícil: usted ama un sistema que funciona, pero que no es tan bueno o satisfactorio en términos intelectuales, donde se prefieren los sistemas racionales. Los políticos aman los sistemas donde están en el poder y controlan la economía. Hay una contradicción entre lo que funciona y lo que gusta. Es un proceso constante la defensa de la economía de mercado. Y esto es ético, porque en el largo plazo ayuda a los más pobres.

“Por eso quedé atónito con las declaraciones del Papa Francisco contra el capitalismo. Porque la actitud del Papa es muy típica de los intelectuales latinoamericanos de izquierda. Por un lado dice que está con los pobres, lo que viniendo del Papa está bien, y por otro, dice que está contra el capitalismo. ¿Qué es lo ético? ¿Lo ético debe ser juzgado por sus intenciones o resultados? Si se juzga por las buenas intenciones, hay buenas intenciones con resultados desastrosos, eso es socialismo. El libre mercado al final del día mejora la vida de las personas y eso debe ser defendido”.

-Usted es un optimista, al menos así se define. ¿Qué razones hay para ser optimista en Chile hoy?

-Alguien tiene que serlo (ríe). Los chilenos viven en una sociedad y un mundo mejores que hace 20 años. Y como dije antes, incluso con la economía desacelerándose, la sociedad chilena ha construido un país democrático, que cuenta con una sociedad civil y donde hay debate. La iniciativa empresarial es fuerte y es un país globalizado, que no está solo basado en la explotación de la materias primas, aunque Chile exporta commodities -especialmente cobre-, pero no solo eso. Hay razones reales para ser optimista.

“Además, el intento del gobierno de Bachelet de causar una disrupción en el sistema ha fallado, no ha sido capaz de crear un nuevo modelo. Solo ha interrumpido y frenado el antiguo. Y se ha demostrado que no se puede reemplazar el modelo chileno de libre mercado con algo más. Puede destruirlo o provocar una interrupción brusca, pero no reemplazarlo. De cierta forma es una paradoja, porque el Gobierno está demostrando que lo que intentó no está funcionando. Tarde o temprano, todos volverán a las alternativas racionales. Suelo decir que uno aprende de sus propios errores. Este gobierno ha cometido errores, y en el largo plazo tendrán al país regresando a los principios realistas”.

Entrevista realizada por Juan Pablo Toro.

Publicado en El Mercurio domingo 16 de agosto de 2015

Foto de www1.rionegro.com.ar

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Ángel Soto: “Crisis de Occidente y occidentalización del mundo”

A veces pareciera que todo se derrumba. Aquello en lo que vivimos —y hemos creído— nos deja la sensación que no fue más que algo pasajero o tal vez una burbuja. Esa es la impresión que podría dar al lector mirar lo que está pasando en el mundo: “Crisis”, “aún no llega lo peor”, “hay que estar preparados”.

El concepto de crisis da la impresión que —a diferencia de lo que ocurría en el pasado— llegó para quedarse. Evidentemente, éstas no tienen porque ser negativas. Sin embargo, tradicionalmente las asociamos a un estado de cierto malestar, tal vez debido a que una de sus características es que producen incertidumbre frente al cambio y suelen estar acompañadas de pesimismo.

Claro —como dice GuySorman—, ser pesimista tiene sus ventajas, ya que predecir lo peor y ante una señal de catástrofe jactarse de haberlo dicho es mucho más fácil y redituable, estratégicamente hablando. En tanto que ser optimista es mucho más peligroso, pues requiere mirar el horizonte, discernir la tendencia dominante y creer que hay algo mejor en el mejor mundo posible. Y de paso, luchar porque las noticias buenas no venden.

Difícil encontrar este tipo de relatos optimistas del mundo actual, pero los hay. Por eso me llamó, profundamente la atención el nombre del libro que escribió este intelectual francés, titulado: “Diario de un optimista”, que tiene como subtítulo: “observaciones de un economista filósofo acerca de nuestro mundo”.  Ahí lo entendí. No es una mirada puramente tecnocrática, sino que incorpora la dimensión humanista, que —como decían en mi época—: “eso explica muchas cosas”.

¿Qué plantea Sorman? Básicamente que, mientras los que estamos dentro de Occidente lo vemos como un sinónimo de crisis, quienes observan desde afuera lo asocian a libertad. Es lo que él denomina: “crisis de Occidente y occidentalización del mundo”.

Existe coincidencia en que un Estado de derecho, propiedad privada y la calidad de las instituciones son elementos básicos para que los países puedan progresar. ¿Qué significa esto? Que en la mirada optimista,Occidente tiene cuerda para rato. Pues si bien algunos se obnubilan con el Asia, y especialmente con China, el optimista —es decir alguien que cree en el progreso y en la libertad— observaría que los chinos aceptarían con gusto nuestras crisis si pudieran tener a cambio algo más de nuestras libertades.

El filósofo francés que comentamos, afirma con bastante razón que, es indudable que el progreso de Asia esta relacionado “con su conversión a los valores occidentales”, pero en China las instituciones son escasas, al tiempo que no podemos aceptar que el desprecio por los derechos humanos sea una “ventaja comparativa”.

Se queja de su falta de innovación, pues —dice— inventamos acá y producimos allá, y es en Occidente dónde sigue actuando la destrucción creativa.

Pero la innovación por sí sola no basta. Aquí, cobra protagonismo el capitalismo moderno que, con EEUU a la cabeza, combinó capital, trabajo e ideas haciendo competitiva su economía, dice el autor. Una cultura empresarial arraigada en la innovación, pero también en la toma de riesgos y la ganancia, fomentados por un imperio de la ley y unos derechos de propiedad que garantiza un Estado de calidad, no un Estado de cantidad.

Es indudable que hoy vivimos en un mundo mucho mejor que hace tan solo 25 años, y la perplejidad respecto de la economía, la democracia e incluso de nuestra identidad cultural solo se explican desde las bondades que entrega el propio sistema de libertades que son la esencia de Occidente.

Quizás, ya es tiempo de considerar la invitación que hace Guy Sorman a mirar de una manera optimista nuestra civilización, siempre perfectible, pero es bueno considerar el vaso medio lleno, más que medio vacío. Occidente no se está derrumbando, y mucho menos están en cuestión la confianza en las ideas que hicieron de esta parte del orbe una sociedad más desarrollada. La historia así lo demuestra, en tanto que la“occidentalización del mundo” lo confirma.

Por Ángelo Soto | @angelsotochile

Publicado en Plan B el 9 de julio de 2014

Foto de www.acague.cl

Álvaro Massardo Delgado: “La importancia de las buenas políticas económicas”

A lo largo del siglo XX la historia de la humanidad fue partícipe de políticas devastadoras en el plano económico, por nombrar algunos ejemplos respecto a aquello, es preciso mencionar que las medidas de colectivización de la tierra en los años veinte en Rusia; las que más tarde se repetirían en la década de los cincuenta en China y en los sesenta en Tanzania – mostrando en ambos casos resultados igual de devastadores-  dejarían a su paso a cientos de millones de campesinos muertos de hambre. Otro hito importante a este respecto fue la desestabilización de la moneda en la Alemania de Weimar, política monetaria que entre otras cosas, facilitó el alzamiento del nazismo, régimen que se encargó del inicio de una de las guerras más trágicas en la historia de la humanidad. Por otro lado, la expulsión de las empresas en Argentina en la década de los cuarenta, y luego en Egipto una década después, tuvo consecuencias realmente negativas, pues dichas medidas tendieron a evitar el progreso, la innovación y la estabilidad económica en esos países. Así las cosas, una de las características que une a todos los acontecimientos mencionados anteriormente es su sustento en malas políticas económicas.

Siguiendo con lo anterior, el siglo pasado fue un siglo de altos y bajos en el que los economistas y las naciones oscilaban entre las políticas económicas que propugnaba el Socialismo de Estado contra la Economía de Libre Mercado. Sin embargo, ante la opción de cuál sería el sistema imperante en el mundo, las políticas económicas tendientes a sostener un sistema de propiedad pública, que dejaba de lado la libre competencia en el mercado, privilegiando un sistema de producción planificada, fueron dejadas de lado poco a poco, siendo remplazadas por políticas tendientes a promover la propiedad privada, la libre competencia y en las que la producción es determinada por los privados, no por el Estado.

¿Cómo ocurrió lo anterior? Las malas políticas económicas fueron dejadas de lado, dando paso a la implementación de buenas políticas económicas. Aquella postura es sostenida por Guy Sorman, economista, periodista y filósofo político francés, defensor del libre mercado, la filantropía y el capitalismo moderno, quien en Marzo del presente año visitará nuestro país.

Sorman en su obra “La economía no miente” nos señala que la “Economía” ha tenido un desarrollo como ciencia independiente racional, refutable y contrastable con la realidad, solo en los últimos dos siglos, pues anteriormente dicha rama del conocimiento se discutía en los círculos intelectuales con vocación de intuición y especulación, sin fundamento empírico.

Hoy en día, dentro de un ámbito científico serio y racional, gracias al desarrollo de modelos matemáticos contrastables con la realidad en que vivimos, es posible demostrar la validez de las teorías económicas mediante su validación, refutación o corrección. No obstante lo anterior, como sostiene Sorman: “En tiempos de crisis suele resurgir el pensamiento mágico, el cual borra la racionalidad alcanzada; la demagogia y el pánico pueden anular las enseñanzas de la ciencia económica” y vaya que tiene razón el autor al sostener esto, pues basta señalar que aquello es fiel reflejo de las políticas económicas implementadas en la actualidad por nuestro gobierno de turno.

Con argumentos claros y precisos a lo largo de las páginas de su obra, Sorman al explicar porque la economía no miente, nos invita a no abandonar la creencia en la implementación de las buenas políticas económicas, aquellas que en el mundo durante las últimas décadas han sacado a la gente de la pobreza, han mejorado sus oportunidades y han permitido a las personas tener – en términos señalados por Milton Friedman- libertad de elegir.

Sorman es claro al sostener que: “Los ciclos económicos son resultado de la innovación. La innovación – ya sea técnica, financiera o gerencial- genera crecimiento, pero no todas las innovaciones son exitosas… sería bueno escapar de los ciclos económicos, pero no hay manera de tener crecimiento sin innovación, innovación sin riesgo, o riesgo sin ciclos económicos. Los ciclos económicos con sus altibajos no son enemigos del progreso económico; el enemigo del desarrollo humano son las malas políticas económicas”.

Alvaro Massardo Delgado
Analista Círculo Acton Chile

Foto de libertad.org.ar

Guy Sorman

Guy Sorman (71) nació el 10 de marzo de 1944 en Nérac, Francia. Estudió en el Instituto de Estudios Políticos de París y en la Escuela Nacional de Administración. Su área de experiencia comprende la economía, contando también con una completa formación periodística y filosófica.

Guy Sorman: “Chile ya no es percibido como el país amigable que era”

INESTABILIDAD, impredecibilidad, pérdida de ventajas comparativas y equivocados enfoques en las reformas, son parte de los problemas que observa en Chile el filósofo y economista francés, Guy Sorman, quien atribuye estas dificultades a las decisiones tomadas por la administración de la Nueva Mayoría.

Si antes era un admirador declarado de las políticas económicas de nuestro país, que desde su punto de vista se comparaban con las de EEUU, hoy día cuestiona el nuevo rumbo, asegurando que el modelo chileno dejó de ser un ejemplo para el resto de América Latina.

¿Ve un cambio mayor en la conducción de Chile con la administración de la Presidenta Michelle Bachalet? ¿Han cambiado sus fundamentos? 

—En Chile un principio básico y uno de los más importantes es la estabilidad. Cuando cambian las reglas, se modifica el sistema tributario, se añade elementos disruptivos a la estabilidad. El problema no se trata de que los niveles de impuestos se hayan modificado, sino que los tributos y la regulación se han vuelto impredecibles. Eso fue lo que al parecer no comprendieron en el gobierno chileno con su reforma.

Empresarios y emprendedores sabían que Chile era un lugar estable y predecible, esa era la razón por la que invertían. Pero ahora el sistema se ha vuelto inestable e impredecible, lo que tiene consecuencias negativas tanto en la inversión doméstica como extranjera. No se trata de un asunto político, porque la estabilidad la pueden introducir gobiernos de izquierda o de derecha.

¿Qué tan inestable es percibido Chile? 

—Lo suficiente como para preocuparse, porque las consecuencias ya son visibles. La inversión se está desacelerando, al igual que el crecimiento. Por supuesto, esto no ocurre exclusivamente por culpa del gobierno. También hay razones externas que tienen que ver con el mercado global, como la desaceleración en China. De todas maneras se percibe que los inversionistas están un poco más reacios y que Chile ya no es un modelo económico para el resto de Latinoamérica.

Aun así, funcionarios estadounidenses que han visitado Chile, como Kurt Tong, vicesecretario Adjunto para Asuntos Económicos y Empresariales del Departamento de Estado de EEUU, aseguran que las inversiones estadounidenses siguen fuertes y que no están mayormente preocupados por la situación de Chile. 

—Eso tiene sentido si se compara al país con el resto de América Latina. Se puede decir que la situación no es buena, pero que rodeado de países donde la cosa anda peor es distinto. Por supuesto que lo están haciendo mejor que Brasil o Colombia, pero para Chile el modelo nunca fue América Latina, sino Estados Unidos, mirando sus reglas, legislación y predictibilidad. Ahora, la presidenta Bachelet está trayendo de vuelta a Chile a Sudamérica, así que ¡Bienvenido de regreso a Latinoamérica!.

Las reformas en Chile han continuado en medio de la desaceleración económica, ¿Cómo evalúa este proceso que las mismas autoridades llamaron seis meses atrás “realismo sin renuncia”? 

—Fuera de los slogan políticos, trato de entender lo qué está sucediendo en Chile. Es importante no politizar demasiado la economía, porque el problema surge justamente cuando se mezcla política y economía.

Desde un punto de vista puramente económico hay que hacer una distinción entre la desaceleración que es consecuencia de lo que ocurre en el mercado global y la que es consecuencia de la inestabilidad. Hoy salimos de la era de rápido crecimiento, ese que fue consecuenArcia del giro que tuvieron las economías de China e India hacia el libre mercado, generando una demanda global que crecía muy rápido, de lo cual se benefició Chile.

Ahora estamos en una nueva era, que yo llamaría de crecimiento normal, donde los países más grandes crecen entre 2% y 3% y los en desarrollo en torno al 5%. No puedes esquivar lo que pasa en el mercado global, siendo Chile un país pequeño, con un mercado pequeño.

En este nuevo escenario han caído los precios del cobre pero a un nivel normal, porque estaban muy altos. En este contexto, la ventaja comparativa de Chile eran dos cosas: empresas, incluyendo pequeñas, de orientación a las exportaciones y su estabilidad y predictibilidad, que es justamente lo que está en entredicho en estos momentos.

¿Inestabilidad y impredecibilidad son los mayores problemas de la economía chilena? 

—Chile arrastra otros dos problemas. Uno es que la competencia interna es muy limitada, el mercado local está muy regulado por lo que resulta difícil entrar. Si quieres empezar un emprendimiento en Chile o una compañía pequeña es muy difícil conseguir financiamiento o cualquier tipo de apoyo. Así, el número de empresas y emprendimientos en el país es muy reducido.

El segundo problema es que la mitad de la población vive en la pobreza. El mercado, que ya es pequeño, se reduce porque no todos están realmente en el mercado. La mitad de la población está en la periferia del mercado.

¿Cómo sacar a esa población de la pobreza e incluirla en el mercado? 

—El mayor drama de Chile es su mala educación primaria pública. Eso es lo que mantiene la mitad de la población en la pobreza. Fuera de Santiago no hay ninguna escuela primaria pública decente, por lo que la gente se mantiene en la pobreza.

En ese sentido, ¿qué le parece la reforma en curso?

—El gobierno se ha enfocado mucho en generar acceso gratuito a la educación superior para quienes no pueden pagarla, pero ese no es realmente el problema. Han olvidado la urgencia que hay en el sector primario, de contar con mejores profesores, traer la competencia entre las escuelas. Esas son las políticas que deberían seguir para mejorar la educación y sacar a más gente de la pobreza.

Pese a no considerarlo una prioridad, ¿le parece buena idea el acceso gratuito universal a la universidad? 

—La educación superior en Chile es bastante buena, no sólo a nivel regional sino mundial. Por lo que es una mala idea modificar un sistema que funciona bien. La gratuidad universal terminará por beneficiar a jóvenes de ingresos altos o altos medios, que saben que su educación es una inversión, por lo que deberían pagar ya sea en un establecimiento público o privado.

Si hay jóvenes que no pueden acceder pueden pedir créditos o recibir cierto apoyo del gobierno, pero el Estado debería centrar sus recursos en la educación primaria. El gobierno está totalmente equivocado en sus prioridades, por razones políticas o por las protestas, y se ha centrado en lo que funciona y no en mejorar lo que no funciona.

Además de la educación, ¿qué más puede hacer Chile para reducir la desigualdad?

—Debieran mirar sector por sector, mercado por mercado. La regulación actual frena la entrada de pequeños empresarios. También hace falta un sistema de sistema de crédito para las micro empresas. Digamos que tienes 20 años y quieres abrir un negocio muy pequeño, debieras poder contar con apoyo de la regulación y del crédito. Esa es la forma en que muchas personas podrían salir de la pobreza.

Considerando la situación externa e interna, ¿cómo ve a Chile de cara a los desafíos de 2016? 

—Chile se vio muy beneficiado por los altos precios de los commodities y aunque no me gusta hacer predicciones es probable que éstos sigan bajando, o quizá se estabilicen, pero no hay posibilidades de que suban en el futuro. Esto significa que Chile tendrá que reemplazar los beneficios que obtenía por los recursos naturales con exportaciones más creativas, como las que han explorado en la industria de los alimentos. La diversificación de exportaciones de alimentos puede compensar las pérdidas por los precios de los commodities. La clave es potenciar las marcas chilenas.

Si bien algunas de marcas de alimentos, vegetales y pescados son conocidas en la parte oeste de EEUU, en Europa nadie puede nombrar ni un solo producto chileno. “Hecho en Chile” no significa nada. Si compras algo hecho en Alemania significa que es resistente y técnicamente avanzado; en Francia, que es sofisticado, lo mismo en Japón.

Si es hecho en China, se sabe que la calidad no es buena, pero si es hecho en Chile simplemente no significa nada. La noción de branding en el mercado es muy importante y en eso deben trabajar las marcas chilenas pero también se debe promover la marca “hecho en Chile”.

No sé si el gobierno ha pensado alguna vez en esto. Recientemente, estuve en Corea del Sur y les dije exactamente lo mismo, porque todo el mundo conoce a Samsung pero nadie sabe que es coreana.

¿Pero Chile está a tiempo de trabajar en estos temas como para enfrentar la desaceleración actual? 

—Por supuesto. De hecho, no hay otra solución. En Chile no pueden hacer nada respecto a la desaceleración en China. Pueden esperar que India se comience a acelerar pero no generará la demanda de commodities que vimos en años previos.

En ese marco, es más importante garantizarles a los inversionistas que Chile es un país amigable. Y, fuera de que en el contexto latinoamericano puede ser diferente, Chile ya no es percibido como el país amigable que era para empresarios locales y extranjeros.

Publicado en Pulso.
Foto de Patricio Fuentes

Guy Sorman: “Sí, la situación en Chile podría ser peor”

Por Cecilia Guzmán y Jaime Besa / Fotos: Cristián Álvarez

El economista y filósofo francés, defensor de las ideas liberales, vino nuevamente a Chile invitado por la plataforma

La Otra Mirada, para ofrecer una conferencia titulada “La economía no miente” en el Hotel W. En los días previos a su llegada, concedió esta entrevista a revista “Cosas” en la cual se refiere a la vigencia que a su juicio tienen hoy las ideas liberales en el mundo y los errores que, desde su mirada, ha cometido el actual gobierno chileno en esta materia.

 –¿Qué es para ti la libertad?

–Creo que la mejor definición es: Libertad para elegir. Libertad de elegir tu vida, tu trabajo, tu realidad, tu familia. Por lo tanto, prefiero siempre un sistema con la mayor libertad de elección.

 –¿Qué es para ti el amor?

–Solo he estado enamorado de una persona, mi mujer, por lo que tengo una definición muy limitada del amor. Para mí, el amor es querer a alguien y que esa persona sea más importante que uno mismo.

 –¿Cuál es tu opinión sobre el aborto?

–Estoy a favor de la libertad de elección, pero de la libertad de elección informada. Muchas mujeres abortan porque creen que no tienen opción. Son pobres y a veces no tienen marido ni padre, entonces no tienen salida. Creo que esto es bastante dramático y pienso que la filantropía o los gobiernos deberían ampliar la libertad de elección y poder decirles a esas madres: “Es tu decisión, pero si decides quedarte con el niño, tenemos para él un buen sistema de apoyo, colegio gratuito, universidad gratuita”. En resumen, creo en la libertad de elección, pero con más apoyo, más educación y más información.

–¿Qué piensas sobre el rol del Papa Francisco?

–Depende de quién sea la persona sobre la cual estoy hablando, porque se pueden diferenciar dos personas. Una es el Papa como líder de la Iglesia Católica. Sin duda, no interfiero en su posición o declaraciones cuando habla sobre religión, y cuando habla de teología… ¡Él es el Papa! No soy católico pero, si lo fuera, lo respetaría y lo seguiría. Como no soy católico, lo respeto, pero no lo sigo.

“La segunda persona es el Papa como político y que hace declaraciones que son puramente políticas, por ejemplo sobre el libre mercado. Por lo tanto, yo considero que tengo el derecho a debatir con esta persona, pues está tratando temas de política y economía.

“Creo que está completamente equivocado en los temas económicos, porque hay una contradicción cuando dice que él está por ayudar a los pobres, pero a la vez en contra de un sistema que los ayude. El único sistema que realmente ayuda a los pobres es el de libre mercado; entonces, no entiendo cómo está con los pobres y contra el libre mercado, no es lógico. Además, el Papa habla mucho sobre ética, y la ética se trata de intenciones y resultados. Así, si tienes buenas intenciones pero malos resultados, ¿es ético? Mi definición (que puede estar mal) es que la ética es juzgar los resultados y no las intenciones. El libre mercado funciona para los pobres y ha sacado a billones de personas de la pobreza alrededor del mundo en los últimos 40 años, por lo tanto, desde una perspectiva ética, estoy a favor del

libre mercado y el Papa está en contra, y no entiendo por qué. Hace poco, el Papa declaró a la vuelta de su visita a Paraguay: “No entiendo nada sobre economía, debería aprender”… ¡Yo estoy listo para ayudarlo!”.

–¿Cuál es tu opinión del gobierno actual de Chile?

–Creo que el gobierno está en una situación muy difícil, porque Bachelet quiso implementar una agenda muy socialista y de la vieja izquierda de los años 60, que claramente no funciona. El problema es que tanto política como personalmente es muy difícil para ella cambiar completamente de posición y decir “me equivoqué”. Porque se equivocó con la educación, con la economía, con los impuestos, y eso es muy difícil de reconocer para ella.

“Creo que la situación en Chile está estancada y seguirá estándolo. Nada pasará durante estos tres años. Esto es como nuestro Presidente de Francia, François Hollande, quien también fue electo por la izquierda y descubrió que su sistema no funciona. Más aún, Francia es miembro de la Unión Europea, que es una institución muy clásica y muy a favor del libre mercado. Entonces, el Presidente de pronto descubre que no solo su programa no funciona, sino que además no puede ser implementado, porque no es coherente con esta institución. Por lo tanto, no hace nada, porque no puede hacer nada Él no puede ser inconsecuente y decir ‘me equivoqué, haré las cosas completamente distintas’, así que, obviamente, está esperando las elecciones. En Chile ocurre lo mismo”.

–Entonces, ¿dirías que en Chile primará el status quo?

–Exactamente, lo que no es bueno, porque pierdes tres años, la gente deja de trabajar, se para la inversión, y esto claramente es negativo. 

–¿Pero tenemos alguna razón para ser optimistas en nuestro contexto político?

–Bueno, sí, la situación podría ser peor… En Chile tienes una sociedad más bien pacífica, algo de violencia, algunos problemas con los pueblos nativos y cosas así, pero nada dramático que no tenga solución. Pienso que por la historia pasada de Chile, ya nadie quiere violencia. La paz es prioridad. Además, ustedes tienen algunas empresas privadas de excelencia, a las que les está yendo muy bien en el mercado global. Así que la situación claramente podría ser peor.

“Lo que más lamento es que Bachelet no se enfrentó con el problema real de Chile, que es la educación básica, lo que significa que las víctimas sean los pobres. Al enfocarse en la educación superior y la gratuidad en esta, no entendió el problema. La educación superior es una inversión y la gente debería pagarla. Lo que ella hace es mantener a los pobres en la pobreza, lo que es una gran contradicción”.

 –¿Cuál es el rol de la sociedad civil en países como Chile?

–Es cada vez más importante, porque los problemas sociales y económicos están cada vez más complicados y el gobierno está cada vez menos preparado para lidiar con eso, porque nadie sabe cuál es la solución. Por eso, estoy muy a favor de la filantropía. De hecho, escribí un libro sobre el tema. Pienso que lo que necesitamos países como Chile o Francia es más innovación social, que significa probar y equivocarse, cosa que el gobierno no puede hacer. El gobierno no puede equivocarse porque los errores les hacen perder elecciones. Bachelet es muy representativa de esto. De alguna manera, ella está probando todas las soluciones, pero no quiere innovar”.

–¿Cómo podemos aumentar la filantropía en países como Chile? No tenemos una cultura de filantropía. No somos como Estados Unidos.

–Estados Unidos fue creado por la ciudadanía, el gobierno vino después y nadie espera mucho de él. Por lo tanto, no nos deberíamos comparar con ese país. Sí lo podemos observar para saber cómo hacerlo. En todo caso, creo que el país donde la filantropía está más desarrollada no es Estados Unidos, sino Japón.

“Tengo una definición bastante amplia de la filantropía. Esta no significa solo donar dinero, implica dar tu tiempo, significa voluntariado. Por lo tanto, el gran error es que vemos a la filantropía solo como la Fundación Gates, y eso está mal. La filantropía hoy son más que nada organizaciones locales, sin muchos recursos, tratando de resolver problemas cotidianos. Esto requiere de tiempo e imaginación”. 

–¿Por qué dices que es en Japón donde la filantropía está más desarrollada?

–Porque todos en Japón participan en organizaciones locales para resolver problemas cotidianos. Si miras en el mapa de la filantropía, generalmente todas las estadísticas son sobre cuánto dinero da la gente. Entonces, por supuesto que Estados Unidos está primero, y después el Reino Unido, Suecia… Pero si miras la cantidad de tiempo que la gente dona, Japón es el líder. 

–¿Crees que todo se puede expresar en una dimensión económica?

–Claro que no. Siempre comparo la economía con el plan B. En una casa necesitas agua caliente, así que más te vale tener un buen plan B para poder tenerla. El libre mercado es como tener un buen plan B para tener agua caliente en la casa, pero con eso no haces la casa. Cuando eso está solucionado puedes hablar de todos los demás temas: amor, música, niños, tener perros…

“Personalmente, mi interés principal no es la economía. Me interesa mucho más la ópera, la música, la pintura. De hecho, todos mis amigos son artistas, no economistas. Los economistas generalmente son muy fomes. Pero la economía es un plan B. Si no tienes esta base material no puedes construir nada”.

REDISTRIBUCIÓN A LA INVERSA

–¿Cuál es tu opinión de un sistema de educación gratuita en países como Chile?

–Bueno, de hecho no existe educación gratuita porque todos pagan, como contribuyentes o como estudiantes. Así  que la educación nunca es gratis. Así que la pregunta de qué piensas de la educación gratuita no tiene sentido. Si tienes educación superior gratuita, quiere decir que la gente pobre está financiando a la gente rica. Tienes una suerte de redistribución a la inversa, porque normalmente los alumnos de las mejores universidades en Chile son de familias de clase media o alta. Así que, si no pagan, querría decir que la gente pobre paga para que ellos vayan a la universidad. Entonces, es la redistribución a la inversa. Por lo tanto, si tenemos educación superior gratuita, es  totalmente reaccionario y contraproducente en términos de calidad. Creo que a mayor nivel educacional, más alto debiese ser el costo para los mismos alumnos, ya que están invirtiendo en su propio futuro.

“Ahora, la educación primaria es otra cosa. Puede ser gratuita, o sea, pagada por el país, que es el significado real de que sea gratuita. Lo que más importa es la calidad y los economistas saben que la única manera de mejorar la calidad es a través de la competencia, a través de tener opciones”.

–¿Puedes explicar brevemente el significado del título de tu libro “La economía no miente” ¿Cómo podemos aplicarlo a nuestro contexto?

–¿Sabes cómo se me ocurrió el título? Siguiendo la campaña presidencial de Nicolás Sarkozy, quien es muy amigo mío. Noté que él mentía todo el tiempo cuando hablaba sobre economía, y pensé: ¡no puede ser! Lo que quiero decir con “La economía no miente” es que esta hoy es una ciencia. No es una ciencia exacta, pero su metodología y manera de funcionar está basada en hechos reales.

“Ahora tenemos en la economía suficientes datos desde el siglo XVIII para saber qué funciona y qué no. Todo ha sido probado. El modelo chino, el modelo de Stalin, el modelo nazi, el de libre mercado.

“Por supuesto que la economía también es controversial y un debate político. Sin embargo, me gusta el hecho de que la izquierda esté cambiando el debate desde uno sobre el desarrollo económico hacia uno sobre la inequidad. Esto es bueno, porque significa que incluso la izquierda admite que la libertad de mercado funciona… aunque eso no les gusta y entonces dicen: ‘Bien, funciona, pero crea inequidad’. Esto es en  cualquier caso un gran avance, porque hace 20 o 30 años, los socialistas decían: ‘El libre mercado no funciona, un sistema de socialismo y burocracia o burocracia centralizada es mucho mejor’. Sin embargo, ya no dicen eso y, por lo tanto, han cambiado hacia un debate centrado en la inequidad, lo que en mi opinión es un debate menor respecto de la mayor eficiencia del libre mercado sobre otras opciones”.

Publicado en Revista Cosas

Guy Sorman: “Los impuestos no tienen influencia en la igualdad”

El experto profundizó en las reformas estructurales del actual gobierno y el escenario económico que enfrenta Chile, entre otros temas.

En entrevista con CNN Chile, el economista y filósofo liberal Guy Sorman, conversó sobre la economía chilena calificándola como “un existoso modelo de desarrollo”.

Al hablar sobre gratuidad en eduación pública superior, aseguró que es una idea “absurda” porque finalmente los beneficiarios son los niños de las familias más ricas, ya que tuvieron una buena educación básica para empezar. En este marco enfatizó que una reforma trascendental para Chile “sería a la educación pública básica”.

“Si ves la composición social de quienes son los estudiantes, en las mejores universidades de Chile, ellos vienen de un origen rico. Pueden pagar o pedir prestado el dinero porque la educación superior es una inversión”, expresó.

Respecto al rol de los impuestos tras la desigualdad,  recalcó que éstos “no tienen influencia en la igualdad”. Asimismo explicó que aumentar los impuestos a las personas más ricas, éste sector desaparecerá ya que al ser un conjunto globalizado pueden cambiar su fortuna o ingresos a países con menores tasas.

Más detalles de la entrevista, en el video adjunto.

Publicado en CNN Chile

Sorman suspende su conferencia en Chile

El martes el destacado filósofo francés Guy Sorman se contactó con la fundación La Otra Mirada para suspender su conferencia sobre “La Economía no Miente” que se iba a realizar el viernes 21 de agosto en el Hotel W y a donde ya habían confirmado 1.200 personas para asistir, entre políticos, académicos, economistas, emprendedores y blogueros del ámbito nacional.

¿La razón? Un accidente en auto lo tenía sometido a controles y exámenes que no le permitirían viajar a Chile durante los próximos días. A pesar del esfuerzo del francés por mantener su viaje, los médicos no le permitieron prosperar con la idea.

La cancelación tuvo rápido eco en redes sociales donde había capturado mucha atención la entrevista realizada en El Mercurio la semana pasada y sus ideas liberales sobre una nueva derecha. Además, había que cancelar una extensa agenda de actividades que comprendían además de esta conferencia, una charla en la Universidad Adolfo Ibañez, un almuerzo con académicos y autoridades de la UAI, entrevistas a medios de comunicación local y hasta una reunión con el ex presidente Sebastián Piñera, con quien se conocen desde su última venida a Chile.

La Otra Mirada, una iniciativa del filántropo Nicolás Ibañez, ya ha traído a Chile al historiador británico Niall Ferguson, al político británico Jesse Norman y a la bloguera cubana Yoani Sanchez. En diciembre será el turno del destacado profesor y bloguero italiano Luigi Zingales, que viene a nuestro país a refrescar las ideas para analizar cómo detener el deterioro actual.

Francisco Sánchez: “Optimismo”

“Mi optimismo no es engreído, sino racional, basado en la realidad”, afirma Guy Sorman, fiel descendiente del pensamiento ilustrado. ¿Por qué visita Chile por segunda vez? Quizás por el propio interés que genera nuestro país que ha dejado, poco a poco, el dinamismo que lo caracterizó por casi 40 años, o tal vez por la fama que nos precede de “reformistas”.

Independiente de sus razón, lo importante es rescatar su relato, análisis y visión del mundo. Claramente, no hay recetas mágicas para sociedades perfectas, pero sí para ver la vida con otros ojos… una renovada perspectiva de optimismo.
Por Francisco Sánchez.
Publicado en Atacama Copiapó-Chile
Foto de Atlasone.org